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Por Nadia Borislova .// Artículos

Scherzino mexicano de Manuel M. Ponce

Una pequeña pieza como "Scherzino mexicano" de Manuel M. Ponce marcó mi destino para siempre. Jamás imaginé que este encuentro, cuando tenía diez años, sería tan significativo, pues no solamente decidí ser guitarrista, sino también encontraría en México mi país. Este destino es también el ejercicio del estudio y análisis de las relaciones (musicales, poéticas, estructurales, históricas, lingüísticas, etc.) de la música y la poesía.

A Carlos Prieto Amante de la cultura rusa, a quien admiro por su sencillez y su grandeza.

No hay nada sorprendente ver a un niño de tan sólo un año con su violonchelo(1) ; o a una niña de tres años tocar el Minueto de Mozart, sentada en un banco colocado encima de la silla, para poder alcanzar con sus tiernas y gorditas manitas las teclas del piano, concentrada, seria, casi una niña adulta(2); o un niño de seis años escribiendo música como si estuviera dibujando; o una bebé de trece meses con su flauta y la hoja pautada, soplando y escribiendo algo(3). ¿Su primera creación? Sensaciones e imágenes, que, como si fueran cuadros de colores brillantes, aparecen ante mí ahora, aparecieron también ayer, hace algunos meses, hace algunos años, quizá mañana las visualizaré de nuevo, dentro de veinte o treinta años, quien puede saberlo, ni yo misma sabría. Porque las circunstancias fueron de una manera o de otra, porque las cosas en la vida suceden porque quizá ya tienen su lugar reservado, porque el gato negro cruza la calle y alguien, haciéndole caso se desvía de su camino y encuentra algo; porque quizá la lluvia nació de un poema y ésta a su vez hizo que una gota de rocío cayera del pétalo de una rosa a la palma de su mano y junto con la madrugada le exigió una pequeña pieza. Porque todo se hizo de tal manera, que solo habría que intuirlo, seguirlo, pareciera que hasta las nubes se ponían de acuerdo con el jardín y se convertían en gigantescos nubarrones. Entonces con el aguacero, a lágrima viva, él escribía. Escribía sin cansancio, como lo hizo también Boris Pasternak, como lo hizo Bach, como lo hicieron muchos poetas y grandes músicos, como lo hizo Ponce. Porque entre otros hechos, las circunstancias familiares, jugaban un papel primordial en la formación de todos estos niños y futuros artistas. Pero, como decía Octavio Paz, un niño aprende imitando y si tiene talento, convierte sus imitaciones en creaciones. Este niño, Manuel María Ponce, duodécimo hijo de Felipe de Jesús Ponce y María de Jesús Cuellar, amantes de la música y, por cierto, la hermana de Manuel, Josefina, fue también pianista, la que le dio sus primeras lecciones de piano; era uno de estos niños que convirtieron sus imitaciones en creaciones desde la primera pieza la Marcha del sarampión, escrita a la edad de ocho años, después de una experiencia no muy grata por el contagio del sarampión hasta llegar a sus obras monumentales, como: Preludio, Tema, Variaciones y Fuga para guitarra. "Quiero que esta obra sea la mejor de esa época…", decía en su carta a Ponce, Andrés Segovia, describiendo con detalles su petición: "Quiero que me hagas unas variaciones brillantes sobre el tema de las Folías de España, en Re menor, y cuya copia del manuscrito de Berlín te envío. En un estilo que linde entre el clasicismo italiano del XVIII y los albores del romanticismo alemán. Esto te lo pido de rodillas…"(4) Regresando a las circunstancias y la vida familiar, gracias al hermano de Ponce, Antonio, quien era ministro del Templo de San Diego en Aguascalientes, Manuel desde pequeño cantaba en el coro del Templo y después llegó a ser el organista titular. Aunque esta formación no es la mejor para comenzar el aprendizaje de la música, de alguna manera fue fundamental en la elección de su destino, inevitable, pues al trasladarse a la capital de México a los dieciocho años, en busca del reconocido maestro y pianista Vicente Mañas, éste no sólo aceptó impartirle clases de piano, sino también le ofreció alojamiento en su casa. Por eso, no hay nada sorprendente o extraordinario ver a un niño pequeño tocando un instrumento musical, porque vive en una atmósfera musical, porque hay alguien que puede enseñarle. A través de mis investigaciones y la experiencia propia, descubrí, que un niño de dos años es capaz de aprender o identificar las notas no solamente en el pentagrama, también en el piano.

¿Cuántos pintores, escritores y músicos crecieron y vivieron en un ambiente artístico? Y si ésta no existía, entonces algún hecho, alguna sincronicidad (5) tal vez, algún concierto inolvidable o una necesidad de transportar el mar inmenso a una pequeña hoja o a un gigantesco lienzo y vivir en él hasta que un día de las manos se suelte el pincel. ¿Y por qué escribir de Ponce? Entre muchas razones, por la falta de artículos y material bibliográfico entorno a la vida y obra de Manuel M. Ponce, en comparación con todo el material que existe sobre otros grandes compositores y, por otra parte, por su aporte inmortal a la música, pero la razón principal es muy personal. Y quisiera compartirla.

Tenía diez años y estudiaba guitarra en la Escuela de Música en mi ciudad natal Moscú y un día mi maestro de guitarra me dio una grabación para que la escuchara. Fui a mi casa y puse el cassette inmediatamente. Fue un momento, que recordaría para siempre. Sin promesas, sin palabras, sin planear o construir sueños para los cuales a veces gastamos demasiada energía y la vida se vuelve una pesada montaña, que entre más alto subes, más crece y seguimos subiendo, cansados, pero seguimos, porque creemos en un mejor futuro. ¡Cuánto deseamos alcanzarlo siempre! Pero, aquel encuentro simplemente fue un inolvidable encuentro, tan natural, tan sincero, tan frágil y a la vez poderoso: era el Scherzino mexicano de Manuel M. Ponce, interpretado por John Williams. En Moscú era el pleno invierno, totalmente blanco y melancólico, los abedules sin hojas cubiertos de nieve, recuerdo tan claro ese blanco día, dulces sonidos de la guitarra dibujaban la profunda noche mexicana, parecía mezclarse en la nostalgia de la naturaleza rusa y a la vez la nieve soñaba con el trópico. Allí se encontraron los sonidos de almas gemelas, allí me encontré yo. Entonces decidí ser guitarrista y aprender tocar esta hermosa pieza de la misteriosa y profunda noche. Cinco años después, la estrenaba en un Concierto y desde entonces formaba parte de mi repertorio y hace cuatro años la grabé en el Disco Lluvia de sol. Así, atravesando nebrascas regresó a su tierra, se volvió un sol, un recuerdo o en aquel sol de Fresnillo del 8 de diciembre de 1882, el día en que nació Manuel M. Ponce. A los tres meses el compositor fue llevado a Aguascalientes. (Curiosamente escuché por primera vez a Carlos Prieto también en Moscú, en diciembre de 1991, época del colapso de la unión Soviética, ingente frío, tiendas vacías y ese mismo mes yo partía a México con mi primer hijo, recién nacido, pero es otra historia).
Aunque la pieza Scherzino mexicano originalmente fue escrita para piano (1909), así como también hay muchas grabaciones en piano, me gusta más, como suena en guitarra y en aquel entonces no tenía ninguna duda que no fuese escrita para ella. De alguna manera ella está presente en muchas otras obras que escribió Ponce para guitarra y otros instrumentos, su melodía cantada, lírica e íntima es también parte indispensable de sus Sonatas, como la Canción de la Sonata III o Andante de la Sonatina meridional o en sus canciones mexicanas, Baladas, donde se concentra toda la pasión y la tristeza, este dolor, que nace de lo más profundo de su ser. Respecto a la canción popular, rodeado por ella toda su vida desde la infancia Ponce dice: "La canción popular es la manifestación melodiosa del alma de un pueblo. El pueblo canta, porque necesita esa exquisita forma de expresión para externar sus más íntimos sentimientos. Es el desahogo del alma popular que sufre y calla, y no hace uso de las palabras únicamente, porque sólo la música puede interpretar sus más recónditas emociones. Por eso, la música es la más antigua y la más dulce compañera de la humanidad… La canción popular no pudo nacer después de un five o'clock tea o de una partida de tennis; no pudo surgir de los labios pintados de una señorita de sociedad. Es sencilla como las florecillas del campo, doliente como la vida del pueblo, dulce y apacible como un santo atardecer; lleva en su melodía las visiones de felicidad y los delirios de esas pobres almas pequeñas que pasan por el mundo recorriendo la vía dolorosa que el destino implacable les ha marcado…" (6)

Continuando con el artículo, es interesante el hecho de que Ponce se encontrara con Segovia y por eso escribiera para guitarra, aunque -sin descartar el hecho de que Segovia fuera el que motivaba e inspiraba a Ponce a escribir música para guitarra y quien fue promotor de ésta e intérprete inminente de aquella época, la cual se podría decir adaptaba al instrumento, pues Ponce era pianista y no guitarrista- ¿sería su música entonces para guitarra igual de famosa sin Segovia? La respuesta es sí, pero si es que la hubiera escrito para guitarra. Es intensa e inmensa su creación para guitarra, a lo largo de 25 años, y concretamente desde 1923, desde que escuchó por primera vez a Segovia en su debut en México, quedando cautivado con su interpretación hasta 1948 el año de su muerte.

¿Y por qué mencioné a Pasternak? No sé por qué, pero a la música de Ponce la asocio mucho con la poesía de Pasternak. Quizá esta incontenible melancolía es la que los une, además vivieron en la misma época. No se conocían, vivían en lugares tan distintos y separados, pero se unían en la melodía, en el pensamiento de una flor o en el murmullo del viento. Así, como la música estaba presente e influía en la vida de muchos, y de hecho Pasternak era un excelente pianista, que además compuso varias obras para piano, algunas de las cuales fueron publicadas, la poesía siempre ha influenciado y ha estado presente en la vida de los artistas, pintores y músicos, así la amistad de Ponce con Ramón López Velarde y Saturnino Herrán. Ponce recordaba sus reuniones con ellos: "Con Herrán y Ramón, en el jardín de San Marcos, en Aguascalientes, me reunía todas las noches. De los tres, el que hizo la obra más grande fue Ramón: La Suave Patria" . Muchas de sus obras fueron inspiradas en la poesía, en ellas busca reflejar nuevas formas y estilo, un desarrollo armónico más moderno, sobre todo buscando transmitir la esencia poética. Como resultado de esta búsqueda nacieron las obras para voz y piano: Tres poemas de Lermontov (1925) -poeta fundacional para Pasternak y la poesía rusa-, Tres poemas de Mariano Brull (1928), Cinco poemas chinos, (1932), Poema elegiaco, a la memoria de Luis G. Urbina (para Orquesta, 1934), entre muchos otros.

Curiosamente, la obra de Manuel M. Ponce es más conocida en otros países que en el propio México, como también el libro de Miguel Alcázar Obra completa para guitarra de Manuel M. Ponce. En mi reciente viaje a Rusia, al Festival de Guitarra lo constaté, porque cuatro personas de diferentes partes del mundo, al enterarse que venía de México, inmediatamente me encargaron varios ejemplares de este libro, no uno o dos, sino decenas de ejemplares. La música de Manuel M. Ponce es la poesía pura, su verdad y esencia, como el poema Improvisación de Pasternak , que traduje especialmente para este artículo:

Improvisación en el piano de cola

Con la tecla alimentaba a la parvada
Bajo los golpes de las alas, chapoteo y graznido,
Parecía, todo saben, parecía, todo pueden
Los líderes de cisnes gritando alrededor.

Y era oscuro, era el lago
Y las olas. Y las aves de orgullosa familia,
Parecía, más bien matarán que morirán
Partidas a lo lejos las modulaciones tornasoles.

Y todo lo que en el lago hundió el firmamento,
Con los cucharones hirviendo riegan agua,
Parecía salpicaba hasta lo alto
El golpe respondido de los remos y alas.

Y era el lago, era oscuro,
Y con la misma preocupación el corazón latía,
Como el cielo y el fondo,
Ensordecidos del alboroto de los cisnes.

1915, 1946

(1)Fotografía de Carlos Prieto de las ilustraciones del libro (traducido en ruso) de Carlos Prieto Las aventuras de un violonchelo. Orenburgskaya kniga, Rusia, 2005, pp. 160-161.
(2) Vi a esta niña, cuando entré al salón buscando a la maestra de piano, mi colega de la Escuela, donde daba clases de guitarra en Moscú en 1988.
(3) Mi hija Victoria Daninisa, ahora tiene once años. La grabé en video.
(4) ALCÁZAR, Miguel. Obra completa para guitarra de Manuel M. Ponce. CONACULTA, Ediciones Étoile, México, 2000, 192 p.
(5) "La Sincronicidad (des-nudación del tiempo, tejido significativo) del ritmo en la imagen, de la imagen del ritmo, de la onomatopeya convirtiéndose en glosolalia, es la lengua sagrada-maravillosa, la sinestesia es también una sincronicidad, una puerta oculta del Edén". Toledo, Víctor. Poética de la Sincronicidad. La lengua de Adán y Eva. BUAP, Puebla, México, 2006, p. 68.
(6) ALCÁZAR, Miguel. Obra completa para guitarra de Manuel M. Ponce. CONACULTA, Ediciones Étoile, México, 2000, 34 p.
(7) MIRANDA, Ricardo. Manuel M. Ponce. Ensayo sobre su vida y obra. CONACULTA, Ediciones Étoile, México, 1998, 15 p. (8)KAZ, Boris A. Sovetsky kompositor, Leningrad, 1991, 301-302 pp. (El trueno de las improvisaciones. Música en la creación, en el destino y en la casa de Boris Pasternak. Compositor soviético, Leningrado, 1991, 301-302).


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