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Por Sergio Valor © 2004 .// Entrevistas
 
Daniel Maza

Nació en Montevideo, Uruguay. Se radicó en Argentina a principios de los '80 donde comenzo a trabajar con diferentes músicos. Compartió escenarios con Mono Fontana, Mono Isaurralde, Chango Spaziuk y varios músicos de le escena local. Realizó Jam Sessions con Ray Barbeto, Simon Philips, Djavan, Ed. Mota, Steve Lukater , Jeff Andrews y Richie Morales. Acompañó en distintas giras a Willie Chirino, Hugo Fattoruso, a los percusionistas cubanos Changuito y Tataguines, y a Celia Cruz. Bajista de Luis Salinas durante más de veinte años, compartió giras por Brasil, Costa Rica, Panamá, España, Perú, y Estados Unidos tocando en los más importantes festivales de jazz de Latinoamérica y Europa. En una entrevista exclusiva, nos contó de su nuevo proyecto, "Daniel Maza trío" y de su disco "música destilada".

¿Cómo fueron tus comienzos?
Mirá, yo toco el bajo porque en el barrio todos tocaban la guitarra. Armamos el primer grupo, “Piedra” ...una porquería de nombre.. que después encima lo cambiamos por Stone Group, que era peor (risas). En el grupo estaban Oscar Carmelo, el dueño del boliche, que tocaba la guitarra, mi primo el Rudi, que también tocaba la guitarra y, obviamente, no íbamos a tocar los tres la guitarra. Entonces con mi guitarra eléctrica tocaba como si fuera un bajo con las cuerdas de arriba (las ponía bien graves), hasta que un día mi vieja me compró un Black Diamond, un bajo nacional espantoso que todavía lo tengo.

¿Y ahí cuántos años tenían?
Trece años, más o menos. Tocábamos en los teatros de verano.

¿O sea que empezaste con la guitarra?
Sí, primero fue la guitarra. Como no tenía para pagarme las clases, mi primo iba a estudiar y después me pasaba todo a mí. Lo esperaba en la puerta, para que me pasara todo lo que había aprendido ese día. Comencé a tocar la guitarra en muchos grupos tropicales de Uruguay y lo hice durante mucho tiempo hasta que vine a BS As. Recuerdo que un día pasamos con unos amigos por El Papagayo, un boliche que había en Anchorena y Córdoba. Mis amigos entraron pero yo me quedé en la puerta y cuando me decido a entrar, sale un tipo de ahí y me dice: “vos estás con mi hermano, el Omar”, sí le digo, “¿vos tocás la guitarra?”, me pregunta. Sí, le digo. “Ah, porque acá el guitarrista a veces se va y no deja cambio, y no tienen a quién poner. ¿No querés entrar y mirar? Capaz que podés trabajar vos.” Cuando entré leo que el guitarrista era Salinas, que tocaba poco menos que ahora, pero muy poquito, ya era un animal. Entonces le digo que yo no puedo hacerle el cambio a ese tipo, pero ni de monedas (risas). Además le digo que a mí me gusta tocar el bajo. El bajista del lugar (tocaba con los Wawancó), me dijo que si tenía bajo y equipo, el lunes empezaba a trabajar porque él no quería hacerlo más. El boliche estaba lleno de martes a domingo y todos los cantantes eran de música brasilera, y bueno, hice lo que pude y así aprendí, a los porrazos.
Además estaba Luis ahí y por suerte eso me ayudó muchísimo. Venían los cantantes y me decían "este tema está en Do”, y yo ni sabía lo que era pero aprendí a tocar de todo:candombe, música brasilera, salsa, música internacional y la banda sonaba bien. Luis me decía “tenés que dedicarte a la música”, porque yo de día trabajaba en un taller, y terminaba muerto. Y un día fuí y le dije a mi mujer que me iba a dedicar a la música y mi mujer me dijo: ¡está bien, probá!. Podés creer, esa noche cierra el boliche. Me acuerdo la anécdota de que volvíamos a mi casa, con Luis, y yo le decía “¿Cómo le digo a aquella que cerró el boliche?”, porque yo ya había dejado el otro trabajo. Entonces llegamos, mi ex mujer nos hizo unos mates, y lo primero que dice Luis es “¿Ahora que cerró el boliche qué vamos a hacer?”. Se armó un quilombo.
Pero bueno, después conseguí para tocar en un boliche en Zabala y L. M. Campos, que estaba bueno porque me entraba una guita fija. Estuve también en un grupo brasileño que se llamaba Sanbatuque, que creo que todavía existe. Luego toqué con Fontova, Valeria Lynch, y ya después con Luis. En el medio me metí también a tocar en la bailanta. Hacíamos de 20 a 25 presentaciones por fin de semana. Ahí empecé a comer con aceite y compramos la heladera, TV color. Porque veníamos de una malaria...

¿Eso en qué año, más o menos?
En el’88, ’89. Me acuerdo que una vez que ya nos habíamos mudado a una casa, le digo a mi hijo Ignacio, que era chiquito, que vaya a buscar un repasador al comedor, mientras yo cocinaba. Y él salió de la cocina y se quedó. Y yo le pregunté "¿qué te pasa?". Y me dice “Papi, ¿qué es el comedor?” (risas). Después dejé la bailanta porque me estaba matando, todos subidos en la camioneta, que iba a 160, 170 km por hora para llegar a todos lados, y me enganché de nuevo con Valeria Lynch, con Fontova, y empecé a ser una especie de sesionista.
No tocaba fijo en ningún lado, pero tocaba en todos lados. Algo difícil de lograr. Por suerte siempre aparecía una grabación, algo. Hasta que Luis empezó a ascender en su carrera y tocaba con él. Y ya hace casi 18 años.

Desde que cerró El Papagayo hasta ese momento ¿estuviste siempre en contacto con él?
Sí, todo el tiempo. Y después empezamos a tocar juntos, a viajar, y por suerte me fue bien. Me empezó a conocer gente de afuera, y llamaban. Una vez vino Celia Cruz a tocar, el bajista se enfermó y me llamaron. Y como a la semana me llama el manager para ver si quería seguir la gira a Perú, a Viña del Mar, y me fuí. Después toqué en Miami, Singapur, Marruecos.

¿Todo esto en qué época fué?
Y, del ‘95 en adelante. Hasta que empecé a componer temas, pero no se los mostraba a nadie, y quedaban ahí. Los componía con la viola, me grababa cuando podía en una porta estudio. Y un día pintó de grabar, y le hablé a Osvaldo Fattoruso, y sin preguntar por guita ni nada me dijo que no había problema. Yo había tocado bastante con él. Y después hable con Abel y grabamos el disco. Y de repente se empezó a vender: vendimos como 2.500 discos. Yo pensé que íbamos a vender diez, pero bueno, empezamos a tocar, y venía poca gente, después empezó a venir más y ahora ya es bastante. Estamos tocando mucho afuera, en el interior y en octubre nos vamos a Roca, San Martín de los Andes.

¿Los arreglos en el disco los hiciste vos, o los fueron trabajando con Abel?
El aporte de Abel son los acordes. Él sabe un montón de armonía. Yo le llevo los temas y él los armoniza un poco, pero siempre tengo claro qué es lo que quiero y lo mismo con Osvaldo. Y bueno, ahora ya estamos por grabar otro disco, ya tengo varios temas ahí. En este voy a hacer algunas versiones de temas que me gustan. También tengo pendiente hacer un disco de boleros, tocando y cantando. Adrián Iaies me pregunta siempre cuándo vamos a hacer un disco de boleros, que él me hace todos los arreglos. Y bueno, estamos ahí.

¿El disco lo grabaron en vivo?
Sí, grabamos los tres juntos, hicimos dos versiones de cada tema, y después las elegimos. Pero casi sin ensayar ni nada. Nosotros hicimos al revés, porque lo lógico es grabar después de mucho tocar. Cuando lo hicimos, se lo mostré a mucha gente pero no pasaba nada, hasta que un día lo escuchó Gillespi y lo editó.

¿Armás los temas en la computadora?
Ahora estoy usando un MiniDisc. Yo con la computadora lo único que sé hacer es levantar un mail. Hago un boceto en el MiniDisc, y después lo armo en la porta. Me da más trabajo, pero bueno, después lo escucho y si no me pasa nada, lo desarmo, y armo otra cosa.

¿Partituras escribís?
Sí, escribo. Tengo buena caligrafía también para escribir y cuando escribo algo, los músicos lo entienden.

¿Y dónde aprendiste?
Aprendí solo, cuando se me empezó a hacer muy necesario leer. Me acuerdo que me compré un libro, el Hindeminth, y a la mitad se me complicó, entonces lo llamé a Ricardo Nolé, y él me ayudo. Y después aprendí a leer los bloques de notas, los ves y ya sabés qué es. Igual, si compongo algo denso de escribir, tengo que preguntar.

¿Qué bajistas te gustan?
Laboriel es el que más me gusta, pero me gustan todos. Pastorius es un disparate. Anthony Jackson, Marcus Miller, el de Living Colour, Victor Wooten. De acá, el bajista que más me gusta es Gustavo Giles, que ahora está tocando con Gillespi. Y Javier Malosetti, que también se toca todo. Entre los guitarristas de rock me alucina el manejo que tiene del instrumento Van Halen, me arranca la cabeza. Fué el primero en esa onda. Y Jeff Beck también, me mata.

En cuanto a equipamiento, ¿qué usas?
Yo tengo una caja Hartke con un amplificador Ampeg V2, es híbrido. Tiene un pre valvular y transistores, es para 350 watts. Pero yo soy hincha de Krueger, que es como el Falcon de lo equipos. El bajo que tengo es un Spector D5, de una pieza sola, que tiene muy buen sonido. Le ponés cualquier cosa y suena. También tengo un Fender.

¿Algún consejo para los pibes que recién comienzan?

Si quieren vivir de la música, hay que tocar y escuchar de todo. Hay que tocar tango, rock, funk, jazz y saber siempre sus limitaciones. Hacer hasta el límite bien, y después tratar con lo que no sabes. Buscar un estilo propio. Aplicar todo lo que oís a tu estilo. Y conseguir buenos instrumentos. Porque en esto, cuanto más caros mejor.



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